Día 2: aferrados a las ganas
Era viernes, una mañana soleada y despejada nos reanimaba luego de un amanecer algo incómodo por las persistentes picaduras de insectos; dispuestos disfrutamos de un desayuno curativo para enseguida retomar nuestra marcha; así partimos rumbo a Pava Yacu, punto de aproximación a la cumbre. Llegar a ese punto nos llevaría más horas de marcha que el primer día y como el grupo avanzaba con ganas solo quedó seguir tras él.
Caminar en la mañana en medio de la espesura, después de todo resultaba agradable, parecía que a nuestro paso los animales despertaban y aunque no los veíamos, saludaban desde lo lejos. Fausto con mucho ánimo imitaba unos graznidos y graciosamente era respondido. Uno de los obreros que trabajaban en la construcción de los refugios y descansos nos encontró en el camino y amistosamente nos despidió.
La luz del sol filtraba entre los árboles y el calor del día estaba lejos de ser hostil por lo que realizamos un trekking bastante resuelto, de la misma manera se desenvolvían ejércitos de hormigas quienes cargaban trocitos de hojas hacia sus escondidos resguardos. Cada vez más la selva nos atraía con magnetismo hacia su seno; mientras pasábamos por riachuelos lo primero que se nos ocurría era meter la cabeza en sus aguas y beber un poco de ese tentador néctar.
Luego de una hora y media arribamos a un descanso en la zona denominada El Bosque de los Monos, y una hora más tarde llegamos hasta otro ubicado en medio de un sitio pantanoso donde cuantiosas mariposas revoloteaban como en ningún otro punto.
A las 12h15 llegamos al segundo refugio instalado en La Laguna, allí le dimos tregua a nuestro andar, almorzamos, nos relajamos y chequeamos un cuaderno donde se anotaban las expediciones al Sumaco de los últimos años; según esos datos nuestra expedición era la primera del 2006, hecho que Héctor nuestro anfitrión y guía nos lo confirmó. |