Desde aquí se pueden ver las luces de la Iglesia de la Merced, otra obra de gran belleza que data del siglo XVI, pero que tuvo que ser reconstruida varias veces por los terremotos ocurridos en Quito. Obras del artista Víctor Mideros adornan sus paredes.
Pronto estamos de vuelta en el punto de partida, sin dejar de visitar El Sagrario, en la García Moreno, otra iglesia amenazada por los terremotos y que fue construida originalmente sobre una quebrada.
Agradecidos a nuestro amigo de cuatro patas por su gentileza y paso altivo, desmontamos para volver a caminar. Hace frío, pero con el paso, uno va de a poco olvidando nuestra realidad de ciudad de páramo. Estamos en la Plaza de Santo Domingo, cuya iglesia data del siglo XVI. En el interior se encuentran estructuras increíbles como el altar mayor neogótico colocado por dominicos italianos. El techo de la iglesia es de estilo mudéjar y tiene pinturas de mártires de la Orden Dominica.
La fuerza del arte español no deja de sorprendernos, pero no podemos olvidar que todas estas iglesias, museos y espacios de historia fueron construidos sobre antiguos templos incásicos y pre-incásicos, una forma de derrumbar la cultura para colocar una nueva como superior. Las piedras que forman las paredes de algunas estructuras, son el único vestigio de esta realidad.
Siglos antes de invasión colonial, Quito fue un lago. La historia dice que comunidades nómadas descubrieron en ella una situación estratégica por estar en el centro del mundo y sus condiciones favorables para la agricultura. Así se convirtió con el paso del tiempo en un importante centro de comercio o “Tianguez”. Además, fue un importante centro astronómico, según lo detalla la posición actual de las iglesias del centro, que están alineados con fenómenos solares de solsticios y equinoccios.