Quienes practican el vuelo libre en parapente, a menudo dicen que, elevarse una vez es estupendo pero que con una sola vez no basta, ya que sencillamente es uno de esos deportes que enamoran a primera vista. En el Ecuador esta práctica es relativamente nueva; por tal razón, no está de sobra el hecho de que se sumen más adeptos para conformar más equipos profesionales.
El parapente se incorpora a nuestro medio gracias a deportistas europeos hacia finales de la década de los 80’s, el mismo es un dispositivo totalmente plegable, ligero y de fácil transporte; ideado como una modificación de los paracaídas usados en el ejército. Cuenta con adaptaciones que permiten que el despegue se lo haga desde una pendiente y posee varias cuerdas utilizadas para conducirlo. De allí que el nombre parapente resulta de la composición de PARACAIDISMO DE PENDIENTE.
Los pilotos suelen buscar las condiciones climáticas propicias antes de emprender el vuelo. A medida que ellos han adquirido experiencia, les resulta sencillo reconocer los efectos que tienen sobre el planeo detalles como: la formación de nubes, la dirección del viento, la coloración del suelo, el movimiento de los pájaros, las turbulencias entre otros.
Cada particularidad del ambiente es aprovechada al máximo, por ejemplo, la formación de térmicas, que son burbujas de aire caliente que en determinados momentos colapsan dando así al piloto la posibilidad de elevarse mucho más. Esta característica determina el llamado VUELO TÉRMICO.
Otro tipo de vuelo consiste en explotar la potencia de las corrientes que se forman por el choque del viento contra montañas empinadas. Esa franja de ascendencia brinda a los deportistas el llamado VUELO DINÁMICO. Sitios como Crucita en la provincia de Manabí o el cantón Baños ubicado en la provincia de Tungurahua, son aptos para el desempeño de esta modalidad.