El Downhill, la modalidad más extrema y arriesgada del ciclismo de montaña, involucra a más de adrenalina y velocidad, disciplina, sacrificio y una fuerza interior que genera verdaderos campeones.
Acompañados de tres “saludables” vasos de agua, David Gómez, campeón provincial de Pichincha y tres veces campeón nacional de downhill, nos recibió en su domicilio. Así, entre sorbo y sorbo, nos adentramos en sus experiencias junto a una compañera de dos ruedas y suspensión trasera.
Dramatizados de saltos, piques y una gran montaña de fotos desordenadas, nos transportaron de a poco a la niñez de David, cuando aprendió a pedalear con la bicicleta de su hermana y acompañaba a su hermano en sus paseos. David terminó el colegio y viajó a Europa donde vivió un año.
A su retorno en 1996, su hermano Pablo, otro talentoso ciclista, ya competía y fue su mentor: “Un día me fui a verlo competir XC (Cross Country) en las Antenas. Pablo cansado, me prestó su bici y me dijo ‘bájate’. Cogí la bici y me fui hecho un bruto junto al campeón provincial de esa época Roberto Saá. Cuando llegamos, ambos me dijeron que debería competir. Ahí fue, a los 19 años cuando mis papás me compraron mi primera bicicleta profesional”.
Se nace con talento o se lo forma, fue la cuestión a preguntarnos, cuando David nos contó que después de solo 6 meses de práctica, participó en su primera competencia: “Se llamaba Copa Vita. Imagínate, fue mi primera carrera y llegué segundo en downhill y segundo en cross country”. Con esta motivación, empezaría a correr de forma permanente en decenas de competencias en todo el país.
¿Qué sensación produce competir? “Necesitas explotar. Como en el XC, cuando estas en una cuesta y te arden las piernas, quieres vomitar, dices ‘¿que hago aquí?’... Pero regresas a ver al de atrás y sacas fuerza y ¡ahhhh! (mímica de explosión a lo Hulk), haces un pique y te vences”.
Entre risas por la expresividad de David, quisimos saber cómo es el entrenamiento de competencia. David señala que aparte de una disciplina extrema y permanente de entrenamiento físico, cuenta mucho la buena alimentación y la dura tarea de salir de lesiones: “Salir de lesiones es para mí lo más duro de entrenar. Cuando esto sucede, hacer rehabilitación requiere fortaleza y constancia. Haces una semana de rehabilitación y si se te quita el dolor lo dejas. Las lesiones te estancan”.
Y, ¿qué es lo más difícil dentro del ciclismo de competencia para David? Sin pensarlo dos veces, nos dijo lo psicológico. “Fui a Europa al mundial del ‘99 y uno cree que solo necesita agallas. Pero necesitas mucho dinero, buen equipo, un manager, altísimo nivel físico y técnico, pero sobre todo un nivel psicológico y fuerza impresionante.
Son 5 días de competencia. Al primer día vas a entrenar y en fila encuentras delante de ti a tu héroe, luego regresas a ver y ves al campeón mundial… Desciendes, pero es difícil intentar no impresionar al de atrás y no intentar seguir la trayectoria que hace el de adelante. Es difícil mantener la concentración, te das cuenta que no sabes nada.
Al final de los entrenamientos, tu bicicleta se hace pedazos, tu ropa está mojada, rota. Llega el día de la competencia, bajas rodando por el suelo y quedas entre los últimos”.