El ferrocarril ecuatoriano está en peligro de muerte. La apatía del Gobierno Nacional y la falta de promoción turística auguran su fin. El tren es un patrimonio del Ecuador, fue de nuestros padres y abuelos.
La mejor forma de valorarlo es conociendo la historia del ferrocarril ecuatoriano en un viaje inolvidable hacia la Nariz del Diablo. La Empresa Nacional de Ferrocarriles del Estado (ENFE) nos da la bienvenida a la Sultana de los Andes, Riobamba.
Mañana fría. Decenas de turistas extranjeros y pocos ecuatorianos nos acompañan a subir en los vagones. La mayor atracción, ir en el techo y vivir la adrenalina de la altura en movimiento. Un profundo sonido de sirena anuncia la salida de la estación y poco a poco la sensación de los durmientes tropezando con las ruedas de acero de la gran máquina, genera movimiento.
Fuera de la estación, avanzamos por las calles de la ciudad. La gente detiene su paso y alza la mano para despedirnos con una sonrisa.
Acaba la ciudad y comienzan extensos pastizales y sembríos. El pálido y resfriado día contrasta con el verde intenso del páramo andino.
Niños indígenas aparecen a ambos lados del camino y levantan sus manitos negras en forma animada. Pequeñas golosinas vuelan del techo y caen cerca de los infantes que felices corren a recogerlos.
La sirena sigue anunciando con fuerza su paso. Grandes abismos aparecen. Las enormes rocas partidas muestran sus llagas realizadas por cientos de esclavos que dieron paso al progreso en el siglo XIX. La ruta Riobamba – Alausí – Nariz del Diablo recorre un total de 116 kilómetros.
Hasta hoy, expertos ingenieros ven la historia de la construcción del sistema ferroviario ecuatoriano como imposible.
Los presidentes Gabriel García Moreno y Eloy Alfaro fueron los precursores y ejecutores de esta obra. El primer paso para modernizar el Estado y símbolo de la Unidad Nacional empezó en 1897.
Dentro del coche ejecutivo, unos duermen, algunos comentan y muchos en silencio meditan con los ojos tras los vidrios. La velocidad aumenta, parece que la máquina gana confianza en los rieles oxidados que han resistido de milagro al duro paso de los años. |