Cada progreso en el camino es crucial, hay grietas gigantes y de pronto cada avance va desprendiendo masas de nieve que retumban a lo lejos, nos preocupamos un poco pero las constantes comunicaciones nos confirman que todo está bajo control.
En uno de los permanentes contactos, Nicolás, quien está abriendo el camino, nos informa que se encordó con Rodrigo a 50 metros de distancia y empiezan a utilizar la técnica en gusano, la misma consiste en armar estaciones cada tramo donde la cuerda se tiempla para asegurar el progreso de la persona que cierra el camino. Esta técnica se utiliza para lograr un avance más rápido y seguro en nevados difíciles.
A medida que avanzaban se presentaban nuevas complicaciones; inclinaciones que variaban de 67 a 90 grados no permitían que las cosas fueran fáciles para nuestros compañeros. Ellos no tuvieron que lidiar únicamente con este inconveniente, en dichas inclinaciones se encontraron con hielo quebradizo que al desprenderse golpeaba a Rodrigo. Fueron momentos en que ambos sintieron miedo y no debió ser para menos.
Conforme transcurría el tiempo, Geison y Eli alertaban a los muchachos que los vientos empezaban a llegar con más fuerza y que el tiempo se nublaba, debían apresurarse. Las comunicaciones entre Nico y Rodrigo eran difíciles. Así Elizabeth se convirtió en la única forma de que ellos no perdieran contacto.
Llegada a la octava estación la situación se tornó más tranquila, recogieron la cuerda y emprendieron juntos el camino por una canaleta, (la misma que se forma debido a la caída de material creando así un camino que se convierte en un comodín que ayuda al andinista en su ascensión). Al final de la canaleta se encontraban a tan sólo 100 metros de la cima, cada paso que los acercaba a ella iba justificando el esfuerzo y sacrificio entregado en la jornada.
Rodeados por la seguridad de unos enormes seracs al fin pueden divisar la cumbre, está a pocos pasos, todo al fin de cuentas valió la pena. Es la una de la tarde y se ubican a dos pasos de la minúscula cumbre que se muestra débil, parecía desprenderse ante sus ojos, nos comentaron. Un fuerte abrazo entre dos grandes amigos y el reporte a sus compañeros por la radio con la mejor de las noticias, quince minutos de paz y la emoción indescriptible de haber alcanzado su propósito, acompañan el momento.