El domingo el Antisana dejó ver todo de si, Rodrigo y Nicolás casi en voz baja estudiaban las posibles rutas que habrían de abordar, luego todos preparamos nuestros equipos y la escalada partió a las 07h30, ese día se lo aprovechó para realizar un reconocimiento más exacto de la ruta, nos dirigimos por un camino de roca y lodo durante una hora.
A cada paso el hielo aparecía de a poco y finas corrientes trasladaban el agua más pura. De pronto nos encontrábamos en el principio del glaciar y teníamos ante nosotros la vista más imponente del nevado. Nos calzamos los crampones y nos equipamos con todo lo necesario. Encordados continuamos nuestro camino, la nieve del Antisana nos ayudó a progresar mucho más rápido de lo esperado, la siguiente hora del trayecto se dió sin ningún problema, pero habiendo llegado a la base de la pared sur, Rodrigo y Nicolás se separan del grupo para repasar su próxima ascensión, el resto decidimos quedarnos a espera de ellos, no íbamos a lograr de ninguna manera tal exigente hazaña.
Pasadas 2 horas, el grupo volvió a reunirse, ya se tenía claro lo que se iba a hacer el siguiente día, se dejaron instaladas cuerdas fijas para facilitar la ascensión y lo más importante, se divisaron las grietas, se reconoció el camino y los sitios de mayor riesgo.
El descenso fue más sencillo, nos deslizamos en la nieve y a paso rápido evadíamos los quiebres del hielo, nunca dejamos de darnos seguro y estar pendientes de todos . A las 17h15 estuvimos de vuelta en el campamento, el resto de la tarde no pudimos dejar de contemplar la belleza de un grupo de montañas compactadas en un solo plano.