Revista Cordillera Alímite, está cumpliendo su primer año y eso es motivo suficiente para compartir con ustedes, preciados lectores, el inicio de este sueño que después de muchos años de irse forjando, hoy es toda una realidad.
Cordillera es el nombre con el se bautizaría allá por 1992 a un grupo de amigos, quienes encontraron en la montaña aquel refugio que el ser tanto a buscado, ese vínculo que lo ata a su propio espíritu.
1992 es una fecha importante, pese a que es una referencia netamente formal de la consolidación del grupo. El mismo lo conformaban Silvia Meza, Fausto Peña, Cecilia Rivera, Marco Rivera, Marìa Rivera, Geison Vela, Iván Mora, Javier Chuquimarca, Eric del Pino y Jaime Yánez.
Ha pasado algún tiempo y la esperanza de un reencuentro no se descarta, por esta vez, únicamente Marco, María y Geison se han reunido para recordar al grupo con el que crecieron y que ha influido en sus vidas.
La alegría del encuentro los delata, el tiempo no ha pasado en vano, tristezas y alegrías, triunfos y fracasos… Cuantas cosas habrán en sus cabezas? Cuan bien los trataría la vida en todo este tiempo?. Ahora, todos se preparan para despejar estas dudas; en primer lugar empiezan contándonos sus anécdotas de montaña; el antes, el durante y el después del grupo.
Cada uno de ellos ha tenido un acercamiento con la montaña desde su infancia. Por ahí Geison recuerda que cada año durante las vacaciones, junto a sus primos visitaba el Ungüi en busca de sigses para el armazón de sus cometas, ya arriba se le venía a la cabeza la imagen de su papá, quién solía practicar montañismo; nos comenta que eran momentos en los que sabía para que había venido al mundo… quería alcanzar las nubes.
Por su lado, María, quien hasta hoy se ha mantenido constante en el ejercicio del montañismo, nos relata que cuando visitó por primera vez el Rucu Pichincha, encontró allí su mundo… lo que ella buscaba. Asimismo, ella y su hermano Marco recuerdan que todo para ellos comenzó gracias al incentivo de su hermana, la mayor de ellos, Cecilia; quien era aficionada a los paseos y excursiones, y ante cualquier cosa prefería compartir todo ello con sus hermanos.
La ascensión que determinó el camino de Cordillera fue una que realizaron a los Ilinizas, en la que estuvieron presentes la mayor parte de los chicos, quienes en 1992 bordeaban los 17 años de edad. En ese entonces, unos con mayor experiencia y otros con ninguna, se fueron conociendo y una gran amistad se iba conformando con la montaña de testigo. Ese episodio es uno de los tantos que están presentes en sus memorias.